Lic. Hipólito Falcoz

La respuesta a esta pregunta parece obvia: el mediodía se produce cuando las agujas de nuestros relojes indican las 12 horas de cada día. Sin embargo, si comenzamos a hilar más fino, nos encontramos con algunos inconvenientes.

 

Para empezar ¿quién rige a las agujas de nuestros relojes?; además debemos tener bien en claro quién es el indicador de ese instante de tiempo que marca la mitad del día; y por último debemos ser conscientes de que nuestras autoridades pueden caprichosamente cambiar por decreto el horario que rige nuestras vidas.

En realidad, la cosa tiene otro comienzo: debemos saber qué es el mediodía. Antiguamente se pensó que el Sol debía ser el indicador de la verdadera hora. Cuando pasaba por encima de nuestras cabezas se alcanzaba el mediodía y cuando transitaba exactamente por el lado opuesto correspondía al instante del cambio de fecha. Pero esto que estamos comentando debe ser expuesto de una manera más rigurosa. Puede ocurrir que el Sol no pase jamás sobre nuestras cabezas como efectivamente se cumple para todos los habitantes que no viven en la zona tropical (entre el trópico de Cáncer y el de Capricornio), pero habrá una línea equivalente para marcar aquel instante.

Si nosotros observamos los cielos, vemos que todos los cuerpos celestes parecen girar prendidos a esa gigantesca esfera, alrededor de un eje que al proyectarlo hacia la esfera celeste la corta en dos puntos llamados "polos celestes". El mundo parece girar alrededor de ese eje y en consecuencia se lo denomina "eje del mundo". Nosotros, desde el hemisferio sur, podemos determinar un lugar en el cielo denominado "polo sur celeste"; pero el otro, el "polo norte celeste" que está marcado aproximadamente por una estrella (Polaris) no es visible en nuestro cielo. Por esa recta pasan infinitos planos, pero de todos ellos el que es perpendicular a nuestro horizonte es el "meridiano del lugar". La intersección de estos dos planos (la llamada línea meridiana), nos indica la posición del polo sur y norte geográfico.

Al ver salir una estrella por sobre el horizonte (en el lado este) su altura sobre el mismo se va incrementando a medida que transcurre el tiempo; llega un instante en el cual su altura alcanza el máximo valor y desde entonces comienza el descenso hasta finalmente desaparecer por debajo del horizonte. El instante de máxima altura, llamado culminación del astro, se produce cuando el mismo pasa por el meridiano del lugar. El Sol también cumple con esa regla y su paso por el meridiano del lugar era considerado como el mediodía y esto fue considerado válido hace mucho tiempo cuando nuestro "astro rey" gobernaba el tiempo. Es que justamente la palabra meridiano viene del latín y su significado es mediodía.

Sin embargo, cuando comenzaron a usarse relojes que eran suficientemente precisos se notó que el Sol real, el que nos alumbra, es un muy mal indicador del tiempo. En realidad su paso por el meridiano del lugar no ocurre cada 24 horas, sino que en ciertas épocas del año su paso se retrasa y en otras ocasiones se adelanta. Lo más sorprendente es que entre los máximos atrasos y adelantos existe una diferencia de 30 minutos (¡media hora!). Esto, que nos parece anormal, es debido a dos causas: primero, la Tierra se mueve alrededor del Sol en una órbita elíptica haciendo que sus distancias varíen a lo largo del año y por consiguiente que la velocidad de traslación no sea constante; segundo, el eje de rotación de la Tierra está inclinado respecto del plano (eclíptica) en que se mueve alrededor del Sol haciendo que su altura sea variable día a día.

Como anécdota se puede contar que Felipe II, hijo de Carlos V, construyó el palacio El Escorial a pocos kilómetros en el norte de Madrid donde en una de sus paredes, que mira hacia el sur, se había practicado un orificio que permitía la entrada de la luz solar y se tenía marcada sobre el piso de la habitación iluminada una línea recta que coincidía con la meridiana. Se consideraba que cuando la luz pasaba por dicha línea debían ajustarse todos los relojes del palacio indicando la hora doce. De acuerdo a lo dicho más arriba, había días en que todo el personal del palacio estaba adelantado y otros tantos días corrían con atrasos.

Para salvar este inconveniente, los astrónomos inventaron un astro ficticio, llamado "Sol promedio" que tiene un buen comportamiento y que viaja a lo largo del ecuador celeste (la proyección del terrestre sobre la esfera) con una velocidad uniforme y completando el circuito anual. El instante de nuestro mediodía ocurre cuando ese astro ficticio pasa por el meridiano del lugar. Claro que se trata de un cuerpo virtual y por consiguiente no lo vemos. En ese momento, en nuestro país, las agujas de los relojes se encuentran indicando un valor cercano a las 13 horas. La repuesta a la pregunta inicial podría quedar redactada de la siguiente manera: el mediodía es un rato antes, un rato después o justo a las 13 horas, según sea el día del año. Con tamaña exactitud podemos quedarnos conformes, contentos y calmados.

Finalmente, ¿nuestro mediodía es el de los demás, el de nuestros vecinos, el de los habitantes de pueblos cercanos, el de la gente de otros países? Esto es harina de otro costal.